Artículos

Valores humanos y actividad emprendedora:
Reflexiones teórico-conceptuales

Human values and entrepreneurial activity: Theoretical and conceptual reflections

GESPYE GESTIÓN PÚBLICA Y EMPRESARIAL (e-ISSN: 3061-8630)

Año 1, Núm. 1 (ene-jun 2024) • Págs. 39-56 • DOI https://doi.org/10.32870/gespye.vi1.4

Recibido: 15/11/2023 • Aprobado: 04/02/2024 • Publicado: 30/04/2024

Tipo de contribución: Artículos

Natalia Aguilar Rosado
Académica del Departamento de Administración. Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas. Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: natalia@academicos.udg.mx, ORCID: https://orcid.org/0009-0004-9459-8011

Resumen.

Este trabajo pretende ofrecer un análisis teórico-conceptual acerca del rol que la personalidad de los sujetos, explicada desde la perspectiva de los valores humanos, funciona como un elemento predictor de la actividad emprendedora en las diferentes regiones del mundo. Mediante una revisión de literatura, se agrupan los principales conceptos acerca de los valores humanos, así como las teorías que han dado paso a la explicación del comportamiento a través de ellos y se realiza un análisis con la literatura relacionada a la actividad emprendedora. La revisión de literatura arroja una veintena de referencias conceptuales y tres teorías desde las cuáles se realiza el análisis reflexivo. Se concluye reconociendo el papel que juegan los valores humanos, no solo en la intención o actividad emprendedora de los sujetos, sino en la elección misma del tipo de emprendimiento a realizar, desde la óptica de la orientación individualista y/o colectivista de sus valores personales.

Palabras clave:

Valores humanos; valores personales; emprendimiento; individualismo; colectivismo.

Abstract.

This paper aims to offer a theoretical-conceptual analysis about the role that the personality of the subjects, explained from the perspective of human values, functions as a predictor of entrepreneurial activity in different regions of the world. Through a literature review, the main concepts about human values are grouped, as well as the theories that have given way to the explanation of behavior through them, and an analysis is made with the literature related to entrepreneurial activity. The literature review yields about twenty conceptual references and three theories from which the reflective analysis is carried out. It is concluded by recognizing the role played by human values, not only in the entrepreneurial intention or activity of the subjects, but also in the choice of the type of entrepreneurship to be carried out, from the perspective of the individualistic and/or collectivist orientation of their personal values.

Keywords:

Human values; Personal values; Entrepreneurship; Individualism; Collectivism.

Introducción

La creación de empresas es un fenómeno que llama la atención a diferentes perfiles (académicos e investigadores) como áreas de análisis, ya que el mismo tiene factores explicativos del proceso en lo económico, político y social. El interés por el análisis de la creación de empresas parte de los efectos favorables que trae consigo, desde el aumento productivo, la generación de empleo, el desarrollo del sector o industria en el que se emprenda e incluso incentivando la innovación y el desarrollo (Carree y Thurik, 2005), aunque debemos señalar que no se comporta de la misma manera en todas las regiones. Por ello se han convertido en un componente eje dentro de las estrategias de desarrollo de los países, impulsado por la economía del conocimiento, las tecnologías de la comunicación y la apertura de nuevos mercados (Stough et al. 2014).

Este tópico de estudio (emprendimiento) no ha dejado de ganar importancia entre los investigadores desde la pasada década. Sin embargo, después de más de 30 años de investigación, la literatura sigue presentando dificultades para definir algunos términos tan básicos como emprendedor y espíritu empresarial (Gartner, 1988; Bygrave y Hoffer, 1991; Rosa y Bowes, 1993). El espíritu empresarial no puede considerarse simplemente como una acción, sino como todo un proceso en el que intervienen diferentes etapas; y este proceso no es de naturaleza meramente económica, sino que se nutre del contexto social que configura y da forma a los resultados empresariales (Jack y Anderson, 2001). Así pues, el proceso lo llevan a cabo individuos, y el estudio de los individuos que realizan estas actividades es tan importante como el estudio del propio proceso. Sería casi imposible entender el proceso emprendedor sin echar un vistazo a los individuos que realizan esta actividad.

En la literatura académica se han estudiado diferentes fenómenos relacionados con las características personales que definen al emprendedor; rasgos como habilidades, talento y conocimientos que influyen en el posible éxito o fracaso de las nuevas empresas (Brandstätter, 2011; Sirec y Mocnik, 2012; Ahmadkhani et al. 2013; Xie, 2014).

Los valores ocupan un lugar destacado en el discurso científico y público a varios niveles (Meglino y Ravlin, 1998). Se encuentran "entre los poquísimos conceptos psicológicos sociales que se han empleado con éxito en todas las disciplinas de las ciencias sociales" (Rokeach y Ball-Rokeach, 1989, p. 775). Sin embargo, se ha investigado poco sobre el papel que desempeñan los valores personales en el conjunto de la concepción de la iniciativa empresarial.

Liñán (2008) afirma que cuando el individuo toma decisiones complejas que implican la necesidad de desarrollar planes, los valores juegan un papel relevante. Cuanto mayor sea la prioridad otorgada a un valor, mayor será la probabilidad de que las personas formen planes de acción que puedan conducir a su expresión en el comportamiento.

Los individuos presentan marcadas diferencias de comportamiento en relación con sus decisiones de crear y mantener una actividad emprendedora, y las investigaciones anteriores han destacado la importancia de analizar no sólo el contexto social del emprendedor, sino también los aspectos individuales; la naturaleza del emprendedor sigue siendo difusa y es bien reconocida la falta de resultados inequívocos de las investigaciones sobre este tema (Bouchikhi, 1993; Chell, 1985; Naffziger, 1995; Shaver y Scott, 1991).

Revisión de literatura

Encontramos que el concepto de iniciativa empresarial se ha abordado desde diferentes perspectivas; algunos autores conciben la iniciativa empresarial como un rol y un conjunto de comportamientos (Gartner, 1988) o como un conjunto de competencias relacionadas con el conocimiento (Bird, 1995) y, al mismo tiempo, en otros estudios se analizan principalmente los aspectos cognitivos de modelos complejos de la decisión empresarial (Bird, 1988; Krueger y Carsrud, 1993). Según este punto de vista, los aspectos cognitivos individuales desempeñan un papel clave en las distintas fases del proceso emprendedor. Tanto si el objetivo de la iniciativa empresarial es obtener recompensas económicas como cualquier otra forma de valor, el proceso sigue siendo básicamente el mismo: el estado de alerta lleva al reconocimiento y, a continuación, a la explotación de oportunidades, seguida de decisiones relativas al crecimiento (Bygrave y Hofer, 1991; Venkataraman, 1997).

El papel de los valores en la toma de decisiones ha sido una fuente considerable de interés en el campo de la psicología (Bardi, Lee, Hofmann-Towfigh y Soutar, 2009; Rohan, 2000; Schwartz y Boehnke, 2004) y los estudios transculturales (por ejemplo, Hofstede, 1980; Schwartz, 1999), pero no se ha investigado lo suficiente sobre cómo influyen los valores personales, en contraposición a los valores culturales, en la toma de decisiones de los emprendedores o potenciales emprendedores (Holland y Shepherd, 2013). En este sentido, las teorías de nivel cultural son más apropiadas para cuestiones de investigación que examinan el efecto de la cultura en la estructura de grupos y sociedades (Bardi et al., 2008; Holland y Shepherd, 2013). Sin embargo, los valores que uno posee influyen en la forma en que uno define las situaciones, considera las alternativas y, en última instancia, elige un curso de acción (Holland y Shepherd, 2013).

Además, aunque los estudios actuales sugieren que los valores afectan a las prácticas operativas, es necesario trabajar para comprender mejor los vínculos entre los valores y los niveles de actividad empresarial (Morris y Schindehutte, 2005).

El objetivo principal de este documento es ofrecer una revisión bibliográfica significativa sobre la investigación realizada en relación con el tema de los valores personales en el ámbito del espíritu empresarial. Este documento sigue principalmente el trabajo realizado por el psicólogo Shalom Schwartz, uno de los investigadores más destacados en referencia a los valores personales. Se recopiló una cantidad considerable de publicaciones académicas con el fin de proporcionar una aproximación al estado del arte del tema.

Origen y conceptualización de los valores

Los valores representan hoy en día uno de los principales campos de estudio en diferentes áreas como la sociología, la antropología, la filosofía y muchas otras ciencias. La discusión sobre lo que es bueno o malo, justo o injusto, legítimo o ilegítimo, expresa creencias claras sobre la existencia humana. El hecho de que los valores difieran de una cultura a otra y de un siglo a otro abre muchos interrogantes. (Boudon, 2003).

Los valores son las representaciones de las respuestas que los individuos y los grupos sociales deben dar, siguiendo tres requisitos universales: las necesidades biológicas de los sujetos, la coordinación de las acciones sociales y el funcionamiento adecuado, así como la supervivencia de los grupos. De esta forma, las personas y los grupos transforman sus necesidades, expresándolas en términos de valores específicos para adaptarse a una realidad sociocultural concreta (García, Lezcano, y Munoz, 2017).

Por otra parte, el origen de los valores humanos se deriva de la palabra latina estimable; desde los inicios de la historia los valores humanos fueron definidos con el término de absolutismo; debido al trato que recibía el ser humano. También aparece una etapa importante de la creación de este concepto en el pensamiento de los insensibles; quienes definían los valores humanos como algo sin mayor jerarquía.

Además, la historia nos muestra que, por un lado, los valores son mutables y, por otro, que esta discusión sobre la fuente de los valores es ya muy antigua. Desde la Antigua Grecia hasta Kant, ya ha habido muchos intentos de derivar la moral de fuentes no absolutistas o sobrenaturales. La moral kantiana, que se basa en la "obediencia a las normas", no es plenamente identificable con el absolutismo; lo que está detrás de la visión de Kant, más bien, es el deseo de universalidad de los valores humanos (Vidal, 2013)

A finales del siglo XIX, cuando surge el problema sobre la ética material de los valores y se desarrolla a lo largo del primer tercio del siglo XX. Adentrarse en este tema implica no sólo el estudio de una nueva corriente filosófica, sino el planteamiento de una cuestión que conduce a una nueva reflexión. Incluso cuando este tema fue tratado desde el idealismo y el empirismo entendiendo que se presenta como una cuestión fundamental en la filosofía práctica (Medina, 2007).

Tanto para Durkheim (1897/1964) como para Weber (1905/1958), los valores eran cruciales para explicar la organización y el cambio social y personal. Los valores han desempeñado un papel importante no sólo en la sociología, sino también en la psicología, la antropología y otras disciplinas afines. Los valores se utilizan para caracterizar grupos culturales, sociedades e individuos, para trazar el cambio a lo largo del tiempo y para explicar las bases motivacionales de las actitudes y el comportamiento. La aplicación del constructo valores en las ciencias sociales durante el siglo pasado adoleció de la ausencia de una concepción consensuada de los valores básicos, del contenido y la estructura de las relaciones entre estos valores y de métodos empíricos fiables para medirlos (Hitlin y Piliavin, 2004; Rohan, 2000). Los recientes avances teóricos y metodológicos (Schwartz, 1992; Smith y Schwartz, 1997) han dado lugar a un resurgimiento de la investigación sobre los valores.

Uno de los primeros autores en definir los valores fue Kluckhohn (1951), quien sostiene que "un valor es una concepción, explícita o implícita, distintiva de un individuo o característica de un grupo, de lo deseable, que influye en la selección entre los modos, medios y fines de acción disponibles" (p. 395). Algunos años más tarde, Rokeach propuso un modelo de sistemas de creencias en el que creencias, actitudes y valores están claramente diferenciados (Rokeach, 1973). Así, el constructo valor se restringió a esa clase especial de creencias duraderas relativas a modos de conducta y estados finales de existencia que trascienden objetos y situaciones específicos y son personal y socialmente preferibles a un modo de conducta o estado final de existencia opuesto. Por primera vez, el ámbito de los valores se diferenció claramente del de otras creencias y actitudes (Braithwaite y Law, 1985).

En concreto, Rokeach (1973) define los valores como "una creencia duradera de que un modo específico de conducta o estado final de existencia es personal o socialmente preferible a un modo o conducta o estado final de existencia opuesto o inverso", (como se citó en Schwartz, 1999, p.24). Asimismo, define los valores como "concepciones de lo deseable que guían el modo en que los actores sociales [...] seleccionan acciones y evalúan a otras personas y acontecimientos"; en este sentido, los valores son criterios o metas ordenados por importancia que sirven como principios rectores en la vida.

Dolan et al. (2006) sostienen que los valores "son lecciones estratégicas, mantenidas y relativamente estables a lo largo del tiempo [que] nos enseñan que una forma de actuar es mejor que su contraria para conseguir el resultado deseado"(p. 28).

Además, existen otras diferentes apreciaciones y significados del concepto de valor; (ver tabla 1), así como la clasificación de los autores más destacados en esta área de conocimiento (Valbuena, et al., 2012).

Tabla 1.

Definiciones y conceptos de los valores

Autores Conceptos
Kluckhohn (1951) “Una concepción, explícita o implícita, distintiva de un individuo o característica de un grupo, de lo deseable, que influye en la selección de los modos, medios y fines de acción disponibles” (p. 395).
Lewin (1952) Los valores influyen en el comportamiento, pero no tienen el carácter de una meta (es decir, de un campo de fuerza). Por ejemplo, el individuo no intenta "alcanzar" el valor de la justicia, sino que la justicia "guía" su comportamiento. Probablemente sea correcto decir que los valores determinan qué tipos de actividad tienen una valencia positiva y cuáles negativas para un individuo en una situación dada. En otras palabras, los valores no son campos de fuerza, sino que "inducen" campos de fuerza. Esto significa que los valores son constructos que tienen la misma dimensión psicológica que los campos de fuerza. (p. 41)
Heider (1958) “Utilizaremos el término valor para referirnos a la propiedad de una entidad (x tiene valores) o a una clase de entidades (x es un valor) con la connotación de ser objetivamente positivo de alguna manera” (p. 223).
Rokeach (1958) “Los valores son un tipo de creencias que llevan al sujeto a actuar de una determinada manera; son creencias que prescriben el comportamiento humano” (p.23).
Scheler y Pucciarelli (1970) Los valores son objetivos y universales y son los fundamentos de aprecio o desaprobación que producen en nosotros.

Rokeach (1973

“Creencia duradera de que un determinado modo de conducta o estado final de la existencia es personal o socialmente preferible a un modo de conducta o estado final de la existencia opuesto o inverso” (p. 5).
Feather and Newton (1982) “Concepciones sobre la deseabilidad e indeseabilidad de medios y fines” (p. 220).
Hambrick y Brandon (1988) “Principios para ordenar las consecuencias o alternativas según las preferencias” (p. 4).
Schwartz (1992) Define el término valores como metas motivacionales deseables y transuacionales que varían en importancia y que sirven como principios en la vida de una persona.
Camps (1994) Son algo adquirido hasta el punto de convertirse en hábito; algo querido por la voluntad y que acaba siendo, también, objeto de deseo.
Schwartz (1994) “Principios rectores en la vida de las personas para la selección de comportamientos y la evaluación de individuos o acontecimientos” (p. 88).
Windelband (1995) Valor es todo aquello que despierta interés a nivel emocional, estético, moral, social o religioso y que hace posible el mundo.
Feather (1996) “Creencias sobre formas deseables o indeseables de comportarse o sobre la deseabilidad o no de objetivos generales” (p. 222).
Schwartz (1999) Concepciones de lo deseable que guían el modo en que los actores sociales (por ejemplo, líderes de organizaciones, responsables políticos, personas individuales) seleccionan acciones, evalúan a las personas y los acontecimientos y explican sus acciones y evaluaciones. (p. 24)
Tünnermanch (1999) Los valores como creencias seleccionadas e incorporadas al comportamiento que orientan la vida del hombre.
Marini (2000) “Creencias evaluativas que sintetizan elementos afectivos y cognitivos para orientar a las personas en el mundo en que viven” (p. 2828).
Rohan (2000) “El sistema de valores es una estructura cognitiva supraordenada estable productora de significado, que vincula las prioridades valorativas con la estructura cognitiva de actitudes y creencias” (p. 257).
Corzo, (2004) Concibe los valores no como entidades, sino como valencias sociales, ideales colectivos necesarios. Respuestas orgánicas de todos a una misma causa interna o externa.
Aalbers (2006) “Convicción prescriptiva sobre el comportamiento y los objetivos deseables, en particular en una perspectiva a largo plazo” (p.11).
Dollan et al. (2006) “Lecciones estratégicas, mantenidas y relativamente estables a lo largo del tiempo que nos enseñan que una forma de actuar es mejor que su contraria para conseguir el resultado deseado” (p.28).

Nota. Elaboración propia

Dentro de la valoración filosófica, Tünnermanch, C. (1999)

(…) define los valores como las creencias seleccionadas e incorporadas al comportamiento que dan direccionalidad a la vida del hombre. Son, por lo tanto, elementos que componen un sistema claro de valores, que permiten elegir entre varias alternativas en un momento dado, así como resolver conflictos. (p.3)

Relacionando los conceptos descriptivos del valor seleccionado, se pueden determinar 6 puntos de vista para la conceptualización de los valores:

Según Schwartz (2005), los valores son creencias vinculadas indisolublemente al afecto. Cuando los valores se activan, se impregnan de sentimiento.

1. Los valores se refieren a metas deseables que motivan la acción.

2. Los valores trascienden acciones y situaciones concretas. Esta característica distingue a los valores de las normas y actitudes que suelen referirse a acciones, objetos o situaciones concretas.

3. Los valores sirven como normas o criterios. Los valores guían la selección o evaluación de acciones, políticas, personas y acontecimientos. La gente decide lo que es bueno o malo, justificado o ilegítimo, lo que merece la pena hacer o evitar, basándose en las posibles consecuencias para sus valores más preciados. Pero el impacto de los valores en las decisiones cotidianas rara vez es consciente. Los valores entran en la conciencia cuando las acciones o juicios que uno está considerando tienen implicaciones conflictivas para diferentes valores que uno aprecia.

4. Los valores se ordenan según su importancia relativa. Los valores de las personas forman un sistema ordenado de prioridades que las caracterizan como individuos.

5. La importancia relativa de múltiples valores orienta la acción. Cualquier actitud o comportamiento suele tener implicaciones para más de un valor. Los valores influyen en la acción cuando son relevantes en el contexto (y, por tanto, susceptibles de ser activados) e importantes para el actor.

Investigación sobre los valores individuales

A pesar de la popularidad de los valores personales en la literatura, existe una falta de consenso sobre la naturaleza de los propios valores. De hecho, la palabra valores se presta al abuso y al uso excesivo por parte de la sociedad y, por lo general, la gente le da el significado que quiere darle (Rohan, 2000).

Entre otras cosas, los valores se han considerado necesidades, tipos de personalidad, motivaciones, metas, utilidades, actitudes, intereses o entidades mentales inexistentes (Meglino y Ravlin, 1998; Hitlin y Piliavin, 2004). Ling et al. (2007), por ejemplo, antes de analizar la influencia de los valores del director general en el rendimiento, utilizan un ejemplo para distinguir la diferencia entre personalidad y valores. Sostienen que un individuo puede demostrar la característica de personalidad de la introversión (ser algo retraído y tímido en contextos sociales) pero al mismo tiempo poseer un valor que sugiere que ser amable y sociable es muy deseable (un valor).

Este es un ejemplo de cómo muchos autores tienen que esforzarse por definir muy cuidadosamente lo que significa un valor para que no se confunda con otros conceptos. A este respecto, Hechter (1993) afirma que el estudio de los valores contiene cuatro impedimentos: (a) Los valores son inobservables, (b) las teorías actuales dan poca orientación para entender cómo los valores moldean el comportamiento, (c) las explicaciones conductuales son poco convincentes cuando se desconoce el proceso que genera los valores, y (d) hay problemas difíciles con la medición de los valores.

Cuando pensamos en nuestros valores, pensamos en lo que es importante para nosotros en la vida. Cada uno de nosotros tiene numerosos valores (por ejemplo, logros, seguridad, benevolencia) con distintos grados de importancia. Un valor concreto puede ser muy importante para una persona, pero carecer de importancia para otra. La teoría de los valores (Schwartz, 2006) adopta una concepción de los valores que especifica seis características principales que están implícitas en los escritos de muchos teóricos:1 (1) Los valores son creencias vinculadas inextricablemente al afecto.

Cuando los valores se activan, se impregnan de sentimientos. Las personas para las que la independencia es un valor importante se excitan si su independencia se ve amenazada, se desesperan cuando no pueden protegerla y se alegran cuando pueden disfrutar de ella. (2) Los valores se refieren a objetivos deseables que motivan la acción. Las personas para las que el orden social, la justicia y la utilidad son valores importantes están motivadas para perseguir estos objetivos.

Desde la línea teórica de los valores, Schwartz fundamentó su teoría de los valores en el marco conceptual de Milton Rokeach (1973). Este último autor definió un valor como "una creencia duradera de que un modo específico de conducta o estado final de la existencia es personal o socialmente preferible a un modo opuesto o inverso de conducta o estado final de la existencia" (p. 5) y explicó que los valores de todo ser humano cambian continuamente a lo largo del tiempo, a diferencia de perdurar como rasgos estables de la personalidad. (Simón, et al., 2017).

La teoría más reciente se refiere a los valores básicos que reconocen las personas de todas las culturas. Identifica diez tipos de valores distintos desde el punto de vista de la motivación y especifica las relaciones dinámicas entre ellos. Algunos valores entran en conflicto entre sí (por ejemplo, la benevolencia y el poder), mientras que otros son compatibles (por ejemplo, la conformidad y la seguridad). La "estructura" de los valores se refiere a estas relaciones de conflicto y congruencia entre valores. Los valores se estructuran de forma similar en grupos culturalmente diversos. Esto sugiere que existe una organización universal de las motivaciones humanas. Aunque la naturaleza de los valores y su estructura puedan ser universales, los individuos y los grupos difieren sustancialmente en la importancia relativa que atribuyen a los valores. Es decir, los individuos y los grupos tienen diferentes "prioridades" o "jerarquías" de valores.

Schwartz (1996) tiene en cuenta 10 valores motivacionales; que son, poder, logro, hedonismo, estimulación, universalismo, benevolencia, tradición, conformidad y seguridad. Relacionados con las metas a las que se dirigen y los valores que se asocian (Tabla 2).

Tabla 2.

Definición de los tipos de valores motivacionales y de los valores individuales que los representan

Valor Objetivo final Valores representativos
Poder Estatus social y prestigio, control y dominio sobre las personas y los recursos. Autoridad, poder social, riqueza, preservar mi imagen pública.
Logro Éxito personal, demostrar ser competente según las normas sociales. Ambicioso, exitoso, capaz, influyente.
Hedonismo Obtener placer para uno mismo. Placer, vida divertida, autoindulgencia.
Estimulación Emoción, retos novedosos en la vida. Emoción, retos novedosos en la vida.
Individualismo Independencia en pensamientos y acciones, elegir, crear, explorar. Creatividad, libertad, independiente, elegir sus propios objetivos, curioso.
Universalismo Compensación, aprecio, tolerancia y protección del bienestar de las personas y la naturaleza. Igualdad, justicia social, sabiduría, mente abierta, protección del medio ambiente, unión con la naturaleza, un mundo hermoso.
Benevolencia Preservar y reforzar el bienestar de las personas con las que se tiene contacto personal frecuente. Bondad, honestidad, comprensión, responsable, leal.
Tradición Respeto, compromiso y aceptación de las costumbres e ideas propuestas por la tradición cultural o la religión. Devoto, respeto por la tradición, moderado, humilde.
Conformidad Moderación en las acciones, inclinaciones e impulsos para no ofender o perjudicar a los demás ni violar las expectativas o normas sociales. Autodisciplina, educación, respeto a los padres y a los mayores, obediencia.
Seguridad Seguridad, armonía y estabilidad de la sociedad, las relaciones y uno mismo. Seguridad familiar, seguridad nacional, orden social, reciprocidad de favores.

Nota. Adaptado de Schwartz, Sagiv y Boehnke (2000, pp. 325-326).

Los diez valores pueden reproducirse en culturas y grupos muy diferentes y proceden de tres necesidades básicas de todo ser humano (Schwartz, 2004) las individuales como organismo biológico, las de interacción social coordinada y, por último, las de supervivencia y bienestar en grupo. Schwartz (1992) trata de explicar su modelo a partir de las interacciones que pueden darse entre los valores. Todas estas relaciones podrían sintetizarse en una estructura bidimensional compuesta por cuatro tipos de orden superior (Figura 1), que combinan diferentes tipos de valores:

1. Trascendencia: universalismo y benevolencia.

2. Promoción personal: poder y logro.

3. Conservación: seguridad, conformidad y tradición.

4. Apertura al cambio: estimulación e individualidad.

El hedonismo se encuentra entre los tipos de trascendencia de orden superior y de promoción personal, ya que comparte elementos de ambos (García, Lezcano, y Muñoz, 2017).

Figura 1. Modelo de valores humanos
Modelo de valores humanos de Schwartz
Nota. Schwartz (2004)

Valores personales en el emprendimiento

El término emprendedor surgió del francés "entrepreneur" y fue liderado por Richard Cantillon en 1755, a través de su obra "Essai sur la Nature du Commerce en Général", donde hablaba como "alguien que asume riesgos para obtener beneficios futuros"

Pero la consecución de este éxito, en cualquiera de sus modalidades, se ve afectada por diversos factores que son decisivos en su consecución. Entre ellos se encuentran los factores específicos de los empresarios. Estos factores, específicos de los empresarios, son los que vienen determinados por las características personales de la persona que toma las decisiones en una empresa.

Con ello se observa que conocer los valores que favorecen el éxito puede ser relevante en los inicios de la actividad emprendedora de un empresario, permitiría tomar conciencia de los valores necesarios para alcanzar el éxito empresarial, y favorecería ese primer análisis de sus fortalezas y debilidades presentes en su persona, de forma que mitigando sus debilidades y potenciando sus fortalezas ayudará a despejar la incertidumbre del éxito empresarial. El objetivo de la investigación es identificar qué valores han sido decisivos en el éxito de los emprendedores, así como analizar qué valores subyacían en estas personas para tener éxito y relacionar los valores de éxito de las personas relevantes en su ámbito profesional con las características del emprendedor.

Individualismo, colectivismo y tipos de emprendimiento.

Con el término individualismo nos referimos a aquellos valores que manifiestan una independencia emocional respecto a grupos y organizaciones. Por el contrario, el colectivismo se asocia a una dependencia emocional de los grupos con los que la persona se identifica y de los que forma parte (Morales, et al., 1996).

Además, la prevalencia de una jerarquía de valores individualistas influye en la intención de crear una empresa. Varios estudios han demostrado que los empresarios tienen una mayor tendencia hacia los valores individualistas (Fageson, 1993, Holt, 1997, Thomas y Mueller, 2000). Mencionan que la dimensión "individualismo" es el grado en el que se enfatiza la independencia y las necesidades individuales frente al colectivismo en el que se enfatiza la satisfacción de las necesidades grupales. Según esta hipótesis, los patrones culturales individualistas estarían más asociados al desarrollo de empresas, en la medida en que la persona busca la consecución de sus fines por sus propios medios sin esperar el apoyo del grupo. Sin embargo, las relaciones entre individualismo y comportamiento emprendedor no están totalmente demostradas.

La interacción entre los valores humanos y el emprendimiento ha sido objeto de un creciente interés en la literatura académica. En particular, la relación entre los valores individualistas y el emprendimiento tradicional ha sido un tema de debate y análisis.

Los valores individualistas se centran en la autonomía, la libertad y la realización personal. Según Hofstede (2001), en culturas con altos niveles de individualismo, se valora la independencia, la iniciativa personal y la capacidad para tomar decisiones por sí mismo. Estos valores se traducen en un mayor énfasis en la innovación, la creatividad y la asunción de riesgos en el ámbito empresarial (Shane, 2010).

El emprendimiento tradicional se caracteriza por la creación y gestión de pequeñas y medianas empresas que operan en sectores convencionales de la economía. Estas empresas a menudo reflejan los valores y las aspiraciones de sus fundadores y propietarios. En este sentido, los valores individualistas pueden desempeñar un papel crucial en la génesis y el desarrollo de tales empresas. Los emprendedores con valores individualistas tienden a buscar la autonomía y la libertad que ofrece el establecimiento de su propio negocio. Además, estos valores pueden influir en la forma en que se abordan los desafíos empresariales y se toman decisiones estratégicas (Rauch y Frese, 2007).

Si bien los valores individualistas pueden impulsar la innovación y la toma de riesgos, también pueden plantear desafíos para el éxito empresarial a largo plazo. La excesiva autonomía y la falta de colaboración pueden obstaculizar la capacidad de la empresa para adaptarse a los cambios del mercado y para aprovechar oportunidades de crecimiento (Acs y Szerb, 2007). Además, la orientación hacia el logro personal puede dificultar la construcción de relaciones sólidas con empleados, clientes y socios comerciales, lo que es fundamental para la sostenibilidad de cualquier empresa (Zahra et al., 2009).

La relación entre los valores humanos individualistas y el emprendimiento tradicional es compleja y multifacética. Si bien los valores individualistas pueden motivar y guiar a los emprendedores en la creación y gestión de sus empresas, también pueden plantear desafíos significativos en términos de colaboración, adaptabilidad y sostenibilidad empresarial a largo plazo. Por lo tanto, es crucial para los emprendedores reconocer tanto el potencial como las limitaciones de estos valores y buscar un equilibrio que permita aprovechar sus fortalezas mientras se mitigan sus debilidades.

Por otro lado, sabemos que el emprendimiento social ha surgido como una forma innovadora de abordar los desafíos sociales y ambientales mediante la aplicación de principios empresariales. En este contexto, la relación entre los valores humanos colectivistas y el emprendimiento social ha despertado un interés creciente en la comunidad académica.

Los valores colectivistas se centran en la interdependencia, la solidaridad y el bienestar común. Según Hofstede (1980), en culturas con altos niveles de colectivismo, se valora la pertenencia al grupo, la colaboración y la atención a las necesidades de los demás sobre los intereses individuales. Estos valores proporcionan una base sólida para el desarrollo del emprendimiento social, ya que promueven la preocupación por el bienestar de la comunidad y la búsqueda de soluciones colaborativas a problemas sociales (Dacin et al., 2010).

El emprendimiento social se caracteriza por la creación de empresas cuya misión principal es generar un impacto social o ambiental positivo. Estas empresas a menudo se originan en comunidades marginadas o enfrentan desafíos sociales específicos. Los emprendedores sociales que abrazan valores colectivistas están motivados por el deseo de contribuir al bienestar de su comunidad y de involucrar a las partes interesadas locales en la búsqueda de soluciones sostenibles (Mair y Martí, 2006). Además, los valores colectivistas pueden influir en la forma en que se estructuran y operan estas empresas, priorizando la participación comunitaria, la transparencia y la distribución equitativa de beneficios (Battilana y Lee, 2014).

Si bien los valores colectivistas pueden fortalecer la misión y el impacto social de las empresas sociales, también plantean desafíos en términos de sostenibilidad y eficacia empresarial. La dependencia excesiva de la colaboración comunitaria puede dificultar la toma de decisiones ágiles y la implementación eficiente de estrategias empresariales (Dees, 2007). Además, la priorización del bienestar colectivo a menudo conlleva sacrificios financieros y una menor atención a la rentabilidad económica, lo que puede limitar la capacidad de la empresa para crecer y expandir su impacto (Nicholls, 2010).

La relación entre los valores humanos colectivistas y el emprendimiento social es compleja y dinámica. Si bien los valores colectivistas proporcionan una base sólida para el desarrollo de empresas sociales con un fuerte enfoque en el bienestar comunitario, también plantean desafíos en términos de eficacia empresarial y sostenibilidad financiera. Por lo tanto, es crucial para los emprendedores sociales comprender y equilibrar estos valores con consideraciones prácticas de gestión y desarrollo empresarial.

Conclusiones

La relación entre los valores humanos y la actividad emprendedora de los sujetos es de suma importancia en el ámbito académico y práctico. Los valores humanos, que incluyen creencias, actitudes y principios arraigados en la moral y la ética individuales, desempeñan un papel crucial en la génesis, desarrollo y éxito de las empresas y emprendimientos.

El estudio de los valores humanos ofrece una perspectiva profunda sobre las motivaciones, decisiones y comportamientos de los emprendedores. Los valores, como la autonomía, la innovación, la ética y la responsabilidad social, influyen en la forma en que los individuos perciben oportunidades, asumen riesgos, y enfrentan desafíos en el proceso emprendedor.

Además, comprender los valores humanos también permite diseñar políticas y programas de apoyo más efectivos para fomentar la actividad emprendedora. Al reconocer la diversidad de valores dentro de una sociedad, se pueden desarrollar iniciativas que resuenen con las motivaciones y aspiraciones individuales, promoviendo así un ecosistema emprendedor más inclusivo y dinámico.

A pesar de los avances en nuestra comprensión de la relación entre los valores individualistas y el emprendimiento tradicional, todavía hay áreas que requieren una mayor exploración. Por ejemplo, sería valioso investigar cómo los valores individualistas se manifiestan en diferentes etapas del ciclo de vida de una empresa y cómo estos cambios afectan su desempeño y sostenibilidad. Además, es importante examinar cómo los valores individualistas se relacionan con otros factores contextuales, como el entorno legal, cultural y económico, para comprender mejor su influencia en la actividad emprendedora.

En términos de implicaciones prácticas, los hallazgos de esta investigación pueden ayudar a los emprendedores a reflexionar sobre sus propios valores y cómo estos pueden influir en sus decisiones empresariales. Además, las políticas públicas y los programas de apoyo al emprendimiento podrían beneficiarse al considerar cómo fomentar un entorno que promueva tanto la autonomía individual como la colaboración y el trabajo en red dentro del ecosistema empresarial.

Por ello, reconocer y comprender la relación entre los valores humanos individualistas y el emprendimiento tradicional es fundamental para el desarrollo económico y social. Al abordar estos temas desde una perspectiva interdisciplinaria y colaborativa, podemos avanzar hacia un enfoque más inclusivo y sostenible para fomentar la actividad empresarial y el crecimiento económico.

Por otra parte, la relación entre los valores colectivistas y el emprendimiento social es fundamental para comprender la dinámica y el impacto del sector social en la sociedad. Los valores colectivistas, centrados en la colaboración, la solidaridad y el bienestar común, proporcionan el marco ético y moral para el surgimiento y la operación de empresas sociales. Estas empresas, que buscan abordar problemas sociales mientras generan ingresos financieros, encuentran en los valores colectivistas la inspiración para su misión y el compromiso con la comunidad.

Sin embargo, los valores colectivistas también presentan desafíos para el emprendimiento social, como la gestión de recursos limitados, la diversidad de intereses dentro de la comunidad y el equilibrio entre la misión social y la viabilidad económica. A pesar de estos desafíos, los valores colectivistas fortalecen la resiliencia y la capacidad de adaptación de las empresas sociales, permitiéndoles enfrentar los obstáculos y lograr un impacto duradero en la sociedad.

En última instancia, la intersección entre los valores colectivistas y el emprendimiento social es esencial para el desarrollo de un enfoque más inclusivo y sostenible para abordar los desafíos sociales. Al reconocer y comprender la influencia de estos valores en la actividad emprendedora social, podemos avanzar hacia un futuro donde el bienestar común y la colaboración sean fundamentales para la creación de un cambio positivo en la sociedad.

Finalmente, la investigación continua sobre la relación entre los valores humanos y la actividad emprendedora es esencial para avanzar en nuestro entendimiento de cómo las creencias y principios personales influyen en la creación y desarrollo de empresas. Al integrar esta perspectiva en el estudio y la práctica del emprendimiento, podemos cultivar un ambiente que fomente la innovación, el crecimiento económico y el impacto social positivo.

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